Conocimos a Fabricio y enseguida nos dimos cuenta de que es un joven exigente consigo mismo y con los demás. Hablando con él, poco a poco, nos transmitió su pasión por los aviones, por su tecnología, por los motores...  Quería saberlo todo. Es un excelente estudiante y nos contó que estaba dispuesto a estudiar lo que hiciera falta para dedicarse a este mundo, algún día. Y que su mayor ilusión, ahora, era conocer cada detalle, despejar todas las dudas posibles sobre su gran pasión. 

Desde el primer momento, todo el equipo de Iberia se volcó para ayudarle a hacer su ilusión realidad. Y por su parte, Fabricio iba a esforzarse en obtener todo el conocimiento posible de cara a aprovechar al máximo la oportunidad de conocer cómo funcionaba la aerolínea y hablar con su tripulación, con sus ingenieros. Fabricio se preparó tan a fondo que sorprendió a todo el equipo de Iberia y no paró de hacerles preguntas acerca de todo lo que sabía pero no había podido experimentar hasta entonces. Para todos fue un verdadero placer compartir con Fabricio y sus padres, Sonia y Víctor, una jornada llena de descubrimientos e ilusiones.

Fabricio disfrutó de  una experiencia fantástica de la mano de Iberia que le ha hecho vivir, como él mismo dijo: "uno de los mejores días de mi vida". Su ilusión ha podido volar muy alto, tan alto como los aviones y esto, sin duda, influirá en su recuperación. Le han dado alas para que siga luchando y logre, el día de mañana, alcanzar la meta que se ha propuesto “ser ingeniero aeronaútico".

 

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niños enfermos.

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