"-Y hoy, ¿Con qué has soñado, Kristina?
 -¡Con el mar, siempre con el mar!"

Desde el primer momento en que conocimos a Kristina, una pequeña sirena de tres años, nos quedó claro que su máxima ilusión era poder ir a la playa para disfrutar de la arena, del mar y de todos "los amigos que viven en él, los peces, los cangrejos, las ostras...". Kristina soñaba cada noche con disfrutar de nuevo del agua y del mar. Desde que sus padres la habían llevado a la playa por primera vez, antes de su enfermedad, recordaba ese día como uno de sus momentos más felices.

A Kristina le encantan los animales y, sobre todo, aquellos que viven debajo del mar. Su madre nos contó que puede pasar horas viendo documentales, porque su imaginación vuela y nuestra sirenita se zambulle, nada entre delfines y pingüinos y juega con peces de todos los colores.
 
Granito a granito, día tras día, la ilusión de Kristina se fue construyendo como los castillos de arena que nuestra sirena soñaba en hacer realidad. Mientras trabajaba en sus deberes, Kristina podía imaginar cómo sería de nuevo pisar de nuevo la arena y meter sus pequeños pies en el agua, jugando con las olas. Y gracias a todo su esfuerzo y paciencia por fin llegó el día tan esperado. Disfrutó brincando y chapoteando en el agua, construyó castillos de arena tan grandes como su ilusión y enamoró a todos los peces de la zona con su sonrisa. 
 
"La ilusión se contagia, y al ver el brillo en la mirada de la pequeña Kristina es fácil de entender porqué. Es maravilloso que algo que se puede considerar tan “simple” como mojar los pies en el mar, genere un torbellino de emociones y sea el motor incondicional e inagotable de una ILUSIÓN". Alina, voluntaria de la ilusión.

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